Octubre 2018 – Ecologistas en Acción

En los últimos años, la práctica totalidad de la población española y europea viene respirando aire contaminado, que incumple los estándares recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta situación ha sido puesta de manifiesto por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) y, en nuestro país, por los informes sobre la calidad del aire en el Estado español que desde hace más de una década viene publicando anualmente Ecologistas en Acción.

Las últimas estimaciones globales de la AEMA y la OMS sobre la repercusión sanitaria de la contaminación atmosférica son muy preocupantes. Elevan en el año 2014 hasta medio millón las muertes prematuras en los países europeos por la mala calidad del aire, 428.000 por exposición a partículas inferiores a 2,5 micras de diámetro (PM2,5), 78.000 por exposición a dióxido de nitrógeno (NO2) y 14.400 por exposición a ozono troposférico. En España, las víctimas de la contaminación serían ya hasta 30.000 al año, 23.180 por partículas PM2,5, 6.740 por NO2 y 1.600 por ozono, lo que supone casi duplicar los 16.000 fallecimientos prematuros anuales que se estimaban hace apenas una década.

Siguiendo una tendencia iniciada en 2007, se observa la reducción de los niveles de los contaminantes “clásicos” (partículas, NO2 y dióxido de azufre SO2), aunque sigan afectando a casi tres cuartas partes de la población española, obedeciendo tanto a razones coyunturales relacionadas con la crisis económica, que ha provocado una menor movilidad motorizada, la disminución de la actividad industrial y el desplazamiento de la generación eléctrica en centrales térmicas por la energía eólica y solar, como a factores “tecnológicos” como la evolución del parque automovilístico hacia vehículos más pequeños y eficientes y, por tanto, en principio menos contaminantes (pese al dieselgate), o la progresiva implantación de las mejores técnicas disponibles en el sector industrial.

Sin embargo, esta reducción general de la contaminación atmosférica tradicional no se está produciendo en el caso del ozono troposférico, el contaminante que en España presenta actualmente una mayor extensión y afección a la población, cuyos niveles se mantienen en los últimos años estacionarios o en muchas zonas incluso al alza.

Se trata de un problema específico de la Europa mediterránea, dado que el ozono “malo”, llamado así por contraste con el de la estratosfera, que nos protege de la radiación ultravioleta, se forma en verano cerca de la superficie terrestre, por efecto combinado de la radiación solar y las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y compuestos orgánicos volátiles (COV) a partir de la combustión de carbón, petróleo o gas en centrales eléctricas, vehículos a motor y calderas urbanas e industriales. Otra característica particular de la química del ozono es que éste se acumula a una cierta distancia de las fuentes de sus precursores, por lo que paradójicamente afecta mucho más a las zonas rurales y periurbanas que a los centros de las ciudades.

Por todo ello, la evolución al alza de la contaminación por ozono parece ser consecuencia en primer término de la tendencia al incremento en verano de las temperaturas medias y de las situaciones meteorológicas extremas (olas de calor), resultado del cambio climático. Estando mediatizada también por el descenso global de las emisiones de precursores o por la variación reciente de la relación dentro de los NO x entre NO y NO2, a favor del último, que está elevando los niveles de ozono en áreas antes “libres” de este contaminante como por ejemplo los centros peatonalizados de las ciudades grandes y medias. Un último factor que contribuye a complicar el comportamiento de este contaminante son los desplazamientos de masas de aire contaminado, por ejemplo entre la Comunidad de Madrid y ambas Castillas y Extremadura, o de carácter transfronterizo entre Francia e Italia y las Illes Balears.

La exposición a altos niveles de ozono provoca también importantes problemas a la vegetación o bien disminuye el rendimiento de los cultivos. En su informe de 2014, la AEMA destaca a Italia y España como los dos países europeos con mayores daños sobre la agricultura, afectando en nuestro país a 122.000 kilómetros cuadrados, dos terceras partes de la superficie cultivada.
A pesar de todo ello, el Gobierno español y las Comunidades Autónomas (CC.AA.) vienen incumpliendo sistemáticamente sus obligaciones legales en materia de información, control y prevención de la contaminación por ozono, omitiendo muchas veces incluso los avisos preceptivos mínimos a la población en caso de superación del umbral de información, y renunciando a reducir las emisiones del transporte o las centrales térmicas, en el marco de unos Planes de Mejora de la calidad del aire obligados que nunca han llegado a elaborar.

En este contexto, por tercer año consecutivo desde que en 2005 Ecologistas en Acción comenzó la publicación de sus informes anuales sobre la calidad del aire en el Estado español, se elabora un informe específico sobre la contaminación por ozono, que pretende dibujar una primera imagen amplia y fiel de la situación en nuestro país durante el año 2018, en relación a la protección de la salud humana. Con datos actualizados a 30 de septiembre, el presente informe se configura como un Avance de la realidad de este contaminante estival, que será completado en el Informe sobre la calidad del aire en el Estado español durante 2018, a publicar ya en la primavera de 2019.

[VER documento]