Un estudio pionero realizado por investigadores de la Escuela Nacional del Instituto de Salud Carlos III – entre ellos Julio Díaz, miembro del Comité de expertos de la Plataforma X Aire Limpio- ha analizado el impacto atribuible del ozono troposférico en la mortalidad diaria en España y ha desvelado la posibilidad de determinar nivel del umbral en el que el este podría afectar a la salud.

El artículo “Short-term effect of tropospheric ozone on daily mortality in Spain” , publicado recientemente en la revista Atmospheric Environment,  analiza el impacto que tiene este contaminante sobre la mortalidad diaria, tanto por todas las causas como por causas circulatorias y respiratorias, de cada una de las 52 capitales de provincia españolas en el periodo 2000-2009.

El ozono es un contaminante secundario que se forma a partir de los óxidos de nitrógeno (NOx) y los compuestos orgánicos volátiles (COV) emitidos, fundamentalmente, por los vehículos.

A diferencia de lo que ocurre con las partículas materiales o los NOx, la relación entre la mortalidad diaria y las concentraciones medias diarias de ozono no es lineal, si no que presenta una forma cuadrática en forma de “U” en 33 de las 46 ciudades en las que hay datos disponibles de ozono en el periodo de análisis.

Para Cristina Linares, científica titular de la Escuela Nacional de Sanidad, “esta relación en forma de “U” entre el ozono y la mortalidad diaria, que varía de una ciudad a otra, tiene importantes implicaciones en salud, ya que permite establecer un nivel umbral a partir del cual el ozono comienza a afectar a la salud y sería a partir de este valor cuando habría que tomar las medidas oportunas para proteger la salud de los ciudadanos dependiendo de las características de cada lugar”.

Según Julio Díaz, jefe del Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la Escuela Nacional de Sanidad, esta mortalidad atribuible al ozono, “si bien es menor que la debida a las PM o al NO2, supone aproximadamente un tercio de la mortalidad debida a los accidentes de tráfico en España, lo cual evidencia la necesidad de arbitrar las medidas necesaria para disminuir las concentraciones de este contaminante”.

Los datos del estudio estiman en 500 las muertes anuales atribuibles a dicho contaminante, debidas en su mayoría a complicaciones circulatorias (más del 33%) y respiratorias (más del 25%).

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