Que buena parte de los españoles que residen en las ciudades no respira un aire limpio, con independencia de las tasas y los indicadores con las que se mida ese aire, es un hecho indiscutible, así como su impacto directo en la salud que cuenta con el respaldo unánime de la comunidad científica.

La contaminación atmosférica es consecuencia directa de las emisiones al aire de los gases y material particulado derivados, principalmente, de la actividad humana (social y económica). Los informes de los organismos competentes (europeos y nacionales), así como los que la comunidad científica y el tercer sector publican año tras año, mesuran la dimensión de un reto que debemos afrontar de forma inmediata.

Sin embargo, actuar de manera efectiva sobre estas fuentes requiere de una visión no reduccionista (sino integradora) que haga posible un análisis acorde a la importancia del reto de la mejora de calidad del aire en las ciudades. Porque la causa final no está sólo en las propias fuentes sino también en cómo éstas se articulan.